Queremos compartirles ahora tres fábulas, de Samaniego, Iriarte y La Fontaine; quizá los más conocidos autores de fábulas.
Las fábulas, a diferencia de los cuentos, se escriben para sacar una enseñanza y eran usadas para enseñar valores a los niños. Ahora quizá ya no escuchamos muchas fábulas pero no está demás leer algunas.
Nos comentarán si les gustaron y cuál les gustó más y por qué.
El campesino y la fortuna
Félix María Samaniego
Era pleno verano y hacía mucho calor, y debajo de un árbol descansaba tranquilamente un joven campesino.
Miraba a su alrededor y agradecía cómo la tierra le había premiado pues había recogido todo lo que con su esfuerzo había sembrado.
Veía lindos zapallos esparcidos por el suelo, y fragantes melones y sandías perfumaban el campo.
Y decíase a sí mismo: ¿Por qué será que en vez de producir nueces este árbol que me da sombra no produce zapallos, sandías o melones?
Y cuando en esos pensamientos divagaba le cayó una dura nuez que le pegó justo en la nariz, y entonces el campesino reflexionó: ¡Bien sabia es la madre naturaleza, pues si un enorme zapallo me hubiera caído encima, no estaría ahora yo vivo!
Moraleja: Bien sabia es la Naturaleza que ha sabido poner cada cosa en su lugar.
El jardinero y su amo
Tomás de Iriarte
Había una vez un joven jardinero que estaba a cargo de un gran jardín con una hermosa fuente de peces, toda rodeada de árboles y flores.
El muchacho estaba tan preocupado de que las flores crecieran sanas y bellas que, sin darse cuenta, se olvidó de cuidar de los peces de la fuente.
Entonces, el dueño de casa lo llamó y le dijo:
— Aunque me gustan las flores, también quiero a mis peces. Por favor no los descuides.
Y, como el jardinero era una persona muy diligente, puso el mayor de los cuidados en los peces y en su fuente. Pero se afanó tanto en esta tarea que muy luego descuidó las flores.
Entonces, el dueño de casa lo volvió a llamar y lo reprendió de nuevo:
— Amigo mío, para que yo pueda considerarte un buen jardinero debes cuidar tanto de mis flores como de mis peces. Apréndelo bien.
Y al joven jardinero nunca más se le olvidó.
¿Qué enseñanza podemos sacar de esta fábula?
Cuando perfecciones una obra o te dediques con pasión a ella, preocúpate de que no sea a costa de descuidar o arruinar otra.
El perro que suelta la presa
La Fontaine
En cierta ocasión un perro cruzaba un río.
Desde el puente, miró hacia abajo y en el agua vio reflejado el carnoso hueso que llevaba apretado entre sus propios dientes.
Sin pensarlo, soltó la presa que tenía y se lanzó al agua para apoderarse del hueso que vio en el agua.
A duras penas pudo salir, por poco termina ahogado ya que la corriente lo arrastró y se llevó con ella el hueso que tenía seguro entre sus dientes y nunca encontró la imagen que quiso rescatar.
MORALEJA: No hay que despreciar lo seguro por aquello que es ilusión.